jueves, 13 de octubre de 2011

Mercado medieval

¡Todavía estoy que no salgo de mi asombro! Por unos días nos hemos transportado a la Edad Media, ni más ni menos. No os asustéis, que no tenemos una máquina del tiempo ni mucho menos, es solo que detrás de casa han puesto un mercado medieval y hemos ido rigurosamente todos los días a pasar el rato.


No sé si lo apreciáis bien, pero de mi boca cuelga una baba enooorme. Éste ha sido mi estado natural desde que entrábamos hasta que salíamos de la feria. Todo me sorprendía. Aquí estoy viendo el puesto de cetrería (los pájaros, vamos) y había algunos que eran más grandes que yo, por ejemplo, el búho real. Además de estar ahí, el señor que los cuidaba sacaba a pasear a alguno de ellos. Sólo os digo que el águila me rozó la melena, ¡ay, qué susto!


Había muchos puestos de oficios de la época, como cantero, destilador de aguarrás, un señor haciendo objetos de vídrio, otro que se dedicaba a hacer trillos, etc.

Y cómo no estaban los músicos con sus instrumentos medievales ¡Una pasada! Yo era oír la música y mis brazos no podían quedarse quietos. 


Y por si esto fuera poco, también había títeres para los niños, cuentacuentos, figuras extrañas varias


... y la estrella del mercado: el dragón


Para quiénes os preguntáis si me dieron miedo estas criaturas, os tengo que decir que no. Había muchos niños por ahí llorando, pero yo disfruté como un enano. Hasta me atreví a meter la mano en la jaula de las brujas


Y además me compraron unos juguetes de madera que tenemos que colgar en mi cuarto, en cuanto los pongamos os enseño fotos. Y mi padre se compró una higuera para ponerla en el salón. No os asustéis, es un bonsai. Ya os pondré fotos más adelante.



Y para rematar este fin de semana tan extraño, el miércoles, día del Pilar nos fuimos a pasar la tarde con tita Lucía y tito David, que me regalaron un chandal bastante pijo. Con ellos me lo pasé genial porque no paraban de consentirme todos los caprichos. A lo mejor me voy con ellos a pasar unos días a Chicago, aunque aún no lo tengo claro porque me han dicho que allí hace mucho frío y me da no sé qué tener que salir a la calle con miles de abrigos, bufandas, orejeras y demás accesorios.
De todas maneras, me lo pensaré.











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